jueves, 23 de junio de 2016

De frente a escondidas



Valiente
con máscara
para esconder el miedo.

Volando
hacia abajo
para llegar a la cumbre.


Las luces de mi vida no se eternizan,
unas se apagan
dejando el recuerdo de su sabrosa quemadura,
otras se encienden
mostrando caminos jamás imaginados.

A cada paso
el miedo crece,
las sombras han podido cubrir
bellezas
muertas por la marcha continua hacia delante.



Cobarde
sin complejos
para mostrar el miedo.

Sumergido
en las alturas
hasta tocar fondo.


*


martes, 17 de mayo de 2016

Evaluando Aprendiendo Enseñando


Aunque South Sudan ya me había puesto diferentes retos a los que enfrentarme
durante el largo año que allí pasé durante 2014,
estos últimos  meses han aparecido nuevas pruebas
y las he tenido que superar.


Tras aportar mi grano de arena en la implementación  de los proyectos
durante los meses de Diciembre y Enero,
se me adjudicó la tarea de evaluar el trabajo de otros.

Exactamente al EP&R team de Oxfam en South Sudan
(equipo de respuesta rápida) y el desarrollo interno y externo del programa durante 2015.



Cinco respuestas de emergencia,
encontrar puentes fuertes y débiles del equipo,
recopilar las lecciones aprendidas
y proponer mejoras.

De los cinco lugares
pude visitar in situ tres de ellos.
Para el resto debí sumergirme en informes
y datos recopilados de diferentes fuentes.

En Juba, durante el verano de 2015,
se respondió a una nueva epidemia de cólera:
tratamiento de las aguas del río Nilo
para eliminares vía de contagio
y mucha promoción de higiene y salud.
Un trabajo muy bien realizado
pero mal coordinado desde las instituciones y los clusters...
desgraciadamente este daño volveremos a caer en la misma piedra.

Luego volé a una zona aun desconocida para mi,
el sur del estado de Unity.
Poblaciones que viven en un pantanal
creado a orillas del Nilo Blanco,
sufrieron hace unos meses un ataque indiscriminado...
asesinatos
abandonos
violaciones
y huídas
contadas en primera persona.

La gente que pudo se refugió en los islotes de esta enorme marisma fluvial del "Great Nyal".
Sólo Oxfam pudo llegar hasta allí
con paciencia y un compromiso fuera de toda duda
pasaron horas y horas a diario en pequeñas canoas
para construir pozos y letrinas
y para distribuir utensilios de higiene en general
y para las mujeres en particular.

Yo mismo atravesé esa zona pantanosa
a ratos metido en el vacío dejado en el interior de un tronco de palmera que hace las veces de canoa
y otras veces arremangando pantalones y sumergiendo pies en el barro y piernas en el agua.
Un largo palo de más de tres metros es el motor y el timon de nuestra embarcación,
y enclavado en su interior
mis ojos quedan a baja altura
observando y acariciando las miles de lilas de agua
que apuntan del barrizal al cielo.
Escucho flamenco en mis oídos...
claro!!
esto me recuerda a lo que debió ser Doñana y San Fernando
antiguamente...tras las lluvias...
Multitud de pájaros
de flores
y cañas que se elevan.
El silencio solo roto por la canoa cortando las tranquilas aguas.

Me vuelvo a encontrar en una fotografía imborrable de mi vida.
Un recuerdo de felicidad que siempre me acompañará.

Pero también guardaré en lo más oscuro de mi memoria
imágenes de Ganyel
de la muerte de sus niños ante mis ojos
y de la impotencia de mi alma.

Los momentos de alegría en mi corazón
siempre los engrandezco
para minimizar y esconder el repudio que siento
hacia la sociedad creada por el ser humano.

Horas caminando bajo el fuerte sol africano
sobre tierra seca
sobre barro esponjoso
con las rodillas cubiertas por fango y agua,
llegando a las comunidades aisladas,
tratando de comprender sus palabras, sentimientos y necesidades
pero quedándome sólo en un superficial análisis
que me permita seguir adelante.

Finalmente escribo un informe analítico
sobre todas estas respuestas humanitarias ya realizadas
que el calendario y la historia se han tragado.

Me siento frustrado
por no poder crear y aportar algo para el futuro de lo que he conocido,
mi aporte será para la mejora de otras respuestas que están por llegar
y que tampoco conoceré.



El último mes en South Sudan
me ha llevado de nuevo a todas las bases que tiene Oxfam a lo largo y ancho de todo el país.
Llevar a cabo unas sesiones de enseñanza/aprendizaje y entrenamiento para todos los trabajadores nacionales de Oxfam.

Construyendo y mejorando sus capacidades de trabajo
aumentando su conocimiento en respuestas de emergencia,
en saneamiento para comunidades en desarrollo,
movilización de grupos de trabajo,
mecánica y mantenimiento de bombas de mano
y en planes de mantenimiento de redes de agua.




De nuevo por aire y tierra
cambio tan frecuentemente de lugar
que no sé donde me despierto
si es tienda de campaña, tukul,
habitación o el interior de un vehículo.

Salgo de Juba hacia Nyal (parando en Rumbek) y vuelvo a la capital antes de meterme de nuevo en un helicóptero en vuelo hacia Lankien (donde ya llueven chuzos de punta), desde donde viajaré en coche por los caminos inexistentes de la tundra africana hasta Walgak antes de de volar hasta Bor, capital de Jonglei...y de vuelta a Juba en un minúsculo aeroplano donde ahora repaso las jornadas vividas alrededor de Sudan del Sur.

Vuelvo a despedirme de este país
en el medio de Africa
cortado de Sur a Norte por el Nilo Blanco.
Parece haber comenzado de nuevo la paz...
y yo deseando que dure más  allá de mis pesimistas proyecciones...
La primera vez que vine una guerra estaba comenzando.
Ahora que me voy por segunda vez
es la paz la que se intenta abrir paso entre los escombros.

Miles y miles de muertos
millones de desplazados
heridas abiertas en la población
que tardarán generaciones en sanar...
y volvemos al punto de partida...
el país como hace tres años...
de que ha servido?
de que coño sirve?
quien cojones se beneficia de todo esto?
por que mierdas la guerra sigue siendo un gran y beneficioso negocio para muchos?

..bueno...
...la verdad es que yo mismo soy uno de los beneficiados de esta guerra que parece terminar...

He ganado un amor
y experiencias de vida...

aunque también he perdido
sensibilidad...
y fe
en el ser humano...













*

sábado, 14 de mayo de 2016

Visitando el pasado... mirando el futuro...


Comienzo a escribir  en un minibus que me traslada por Jerusalem
esta ciudad de mezclas y odio.
Todo separado de forma física
no hace más que aumentar las desconfianza entre los pueblos que la habitan.

Ciudad de una antigüedad "incunable"

con nuevos hormigones
mezclados con piedras
que se colocaron una sobre otra
hace milenios.
Una de las ciudades eternas
el centro de las religiones monoteístas
tan antigua
que los años parecen segundos
en nuestra corta vida.

Culturas enfrentadas
durante siglos
conviven en un territorio repleto de murallas y muros,
con olores
mezclando sabores
del pasado
presente
y futuro.

Una religión  se encuentra rodeada de otra (muy cercana en creencias) más multitudinaria...
pero su pequeña burbuja es la privilegiada.
El mundo real del Mediterráneo oriental vive con Mahoma como principal profeta
y con temor a radicalismos salientes de todas las religiones que pueblan el planeta.

Vengo aquí en busca del cariño y amor que tanto echo en falta
durante mis noches de soledad
las que acompañan mi trabajo
en los lugares abandonados por la humanidad
y su desarrollo.
Y encuentro el calor de los abrazos
y la alegría
en la mirada marina de Dorien.

Durante la semana ella trabaja
y yo vagueo
y descanso
hasta que mis pies se deciden a visitar la ciudad.

Cámara, libro, libreta y bolígrafo en mano.
Con los ojos bien abiertos observo las blancas y rotas rocas
llenando espacios con muros, casas, arcos y lugares de peregrinaje de la ciudad vieja.

Con mi olfato descifro olores
mezcla de cocinas y tiendas...
y mirra, y comino, y menta...

Con mi oído bailo al ritmo de melodías
y no se distinguir si son hebreas o árabes.

Me detengo
cuando desde las decenas de alminaras
se escuchan los cantos que llaman a la plegaria,
reverencias en dirección a La Meca.
Y escucho con alegría de todas las distintas lenguas
que rezan a un mismo dios
de diferentes maneras.

Mi entrada en la ciudad antigua de Jerusalén la realizo por la puerta de Damasco,
donde los fulares palestinos
y los velos cubriendo los cabellos de las mujeres
entran y salen a mares
ante la atenta mirada de decenas de militares armados hasta los dientes.
La muralla impone...
una fortaleza y muchos secretos,
verdades y leyendas se esconden en su interior.

Intramuros
ya es otro mundo
y mi sonrisa se despliega a lo largo de mi cara
por la suerte de vivir esta vida
que me permite descubrir tanto lugares especiales.


Las mezquitas elevan
sus lunas hacia el cielo
mezclándose
con el azul y blanco
de las banderas
que reprimen su día a día.
Una buena metáfora de este conflicto
sin solución a  la vista.



La calle es un gran mercado que me recuerda al Albaycín granadino.
Puestos callejeros llenos de colores
y olores,
gritos
que anuncian ventas,
silencios
que avisan de controles militares rutinarios.

Las calles que continúan y se entrecruzan
sólo permiten el paseo a pie
y decenas de arcos y bóvedas
las cubren y esconden
con juegos de sombras y luces
sacados de las mil y una noches.


...en un bar cualquiera me refugio para decidir los siguientes pasos a dar...


Puedo pasear
y paseo por la Vía Dolorosa:
desde la entrega de la cruz,
pasos por las tres caídas
y los recuerdos reales
o no que quedan
del camino hacia el calvario
de un personaje,
el cual, de una forma u otra,
cambió el rumbo de la historia,
y cuya vida y enseñanzas
forman parte de mi educación.



Llego hasta la iglesia del Santo Sepulcro,
edificada sobre el Gólgota,
quizás el lugar más sagrado para toda la cristiandad,
donde Jesús de Nazaret fue coronado con espinas
y clavado en una cruz hasta su muerte.
También donde se le enterró para luego resucitar
según citan los libros que cuentan su vida.


Me paso horas dentro de esta iglesia
que engloba capillas de diferentes estilos,
donde los cruzados clavaron sus rodillas defendiendo sus creencias y sus piedras.
Magnífico escuchar cantos franciscanos,
monjes ortodoxos
y tantas otras ramas el cristianismo que se escapan a mi conocimiento.
Respeto
Escucho
Observo
Cayo.

Entre escondidos gestos de cariño hacia quien me acaricia con su mirada,
nos seguimos perdiendo entre las estrechas calles que suben, bajan y se retuercen.
Del barrio cristiano volvemos al árabe,
y unos pasos más tarde nos adentramos en el armenio
antes de sumergirnos de pleno en el barrio judío.

No podía faltar una parada frente al "Western Wall"
o muro de las lamentaciones (aunque no les gusta llamarlo así),
donde nos paramos en la distancia
para vigilar las plegarias venidas de tantos países
para rezar a un mismo dios.
La única parte del histórico Templo de Salomón que aún sigue en pie
nos vigila
y protege la parte más sagrada de esta antigua ciudad.

La realidad del siglo en el que vivimos vuelve
cuando decenas de hombres más que armados
pasan corriendo a nuestro lado por el aviso de algún tipo de incidente de seguridad....
por si acaso, salimos calmamente de la zona.


Otro día me dejo caer por Belén
que ahora es casi más conocido
por el gran muro que la separa de Jerusalén
que por el nacimiento de Jesús de Nazaret

Un muro lleno de graffitis
locales
y extranjeros,
artistas
que muestran la tristeza
y la rabia
por un muro
que jamás debió ser levantado
y al que mi sociedad
hace oídos sordos
y ojos ciegos.


"We all bleed the same blood"
but not all the blood have the same cost.

Bajo también al punto más bajo del planeta
a la orilla del mar muerto,
donde floto sobre un agua tan salada que se ha vuelto venenosa.

Medio cuerpo y la cabeza entera flotando...
me siento canoa cuando braceo mirando al cielo
con las montañas de Jordania en el horizonte.

Me acerco (junto a Marck y Andy) a la orilla donde nos embadurnamos
con el barro de este mar que va desapareciendo
mientras brindamos con unas cervezas
y hacemos estúpidas gracias que nos hacen disfrutar aún más del momento.

De vuelta a Jerusalén siempre está Dorien
que me besa y sonríe
alegrándome más el día
y nos acompaña en las cervezas que alumbran la noche.


No podía faltar una visita al maravilloso Museo de Israel.
No me esperaba encontrar tal cantidad de maravillas antiguas y modernas...
desde la cúpula que cubre los manuscritos del Mar Muerto
de más de 2000 años de antigüedad
paseo alrededor de un gran jardín de esculturas,
miniaturas y pedestales romanos y griegos en cada esquina.
En el interior
todas las edades de esta región marcadas y guardadas como lo que es,
un tesoro de incalculable valor:
prehistoria, piedra, bronce,
egipcia, griega, romana,
judía, árabe, cristiana,
cruzadas, batallas, paz,
vestidos, monedas, curiosidades,
cuadros, esculturas, libros...
...incontables e insaciables.



Para el último fin de semana nos dirigimos al norte del país,

un nuevo road trip que nos recuerda a Turquía.

Primero la ciudad de Haifa,
enclavada entre la montaña y el mar,
donde,
como si fuera cualquier ciudad costera del sur de Europa,
nos sentamos en una terraza a disfrutar de buen vino,
pescado fresco
y nuestro amigo fiel Rummikub.

Todo bajo los imponentes Bahai's Gardens
que ocupan toda una colina
conquistada por el ser humano...
naturaleza artificial.



Pero queremos continuar por carretera hasta la frontera con Líbano.
Hasta Akko.
Un pueblo pesquero que nos acoge en plena efervescencia de su mercado...
cuando el sol se esconde por el Mediterráneo
el cual nos trae su brisa salina y marina.

Una noche  de paseos fotográficos
acompañada de una divertida cena
(aunque se pretendía romántica)
y sueños en el interior de las murallas.
El día nos lleva bajo tierra
desde las grutas templarías
a las calles y palacios
que se esconden bajo el actual pueblo.

La vuelta se hace cansada y a su vez maravillosa.

Un viaje más en mi vida
que me ha llevado al pasado
para descubrir cómo será el futuro que me espera...
...y me gusta...
me encanta!



*

miércoles, 3 de febrero de 2016

Black holes in the middle of nowhere

Sin un segundo que perder tras mi vuelta a South Sudan,
un año después de mi partida,
me embarco rumbo al centro de Jongley State,
el más grande y fraccionado estado de este país
(el más subdesarrollado de cuantos dividen este mundo).

Sobrevolando de nuevo esta explanada salvaje
donde la presencia humana solo se intuye
por pequeños tejados de paja difuminados
y por alargadas hogueras  que queman los secos matorrales
crecidos durante la época de lluvia meses atrás.







El helicóptero aterriza
en un claro
sin árboles
junto al campamento de Oxfam
instalado en Walgak.


El trabajo de campo vuelve a empezar...


En dos mochilas llevo lo justo y necesario para un mes:
unas camisetas, un pantalón extra, mudas, linterna,
papel higiénico, un libro, ordenador, papeles de trabajo,
neceser y toalla.


Hace calor
y el sol brilla con fuerza
sobre la tierra
y mi piel.

Grandes tiendas de campaña
donde dormir,
casetas de madera
y planchas de metal
donde trabajar
y otras más pequeñas
para las duchas.


Algunos conocidos entre el staff de esta base.
Musa y John ya trabajaron conmigo,
hace dos años en la primera respuesta en Mingkaman,
me reciben con abrazo y sonrisas de bienvenida.
Al resto del equipo los voy conociendo
a medida que pasan los días,
las comidas y las cenas,
sobretodo en las que nos juntamos alrededor de las brasas
que sirvieron para cocinar la cabra que engullimos...
...en mitad de la cerrada noche que cubre el cielo de estrellas.

Me acuesto a horas tempranas
pero con el cuerpo y la mente cansados,
veo capítulos de series
e incluso alguna película
que mezclan en mi cara la sonrisa con los ojos humedecidos...
todo para volar fuera del contexto
del trabajo que se apelotona en la memoria a corto plazo
junto a las visiones duras y bellas de cada día.

Desde que mi memoria alcanza,
ha sido el primer año nuevo en el cual he caído dormido antes de medianoche...
pero a las 12 me desperté
con los disparos de celebración
que acompañaron a los 12 cacahuetes que dejé caer en mi boca
suplantando a las uvas
pues no están disponibles a menos de 1,000 km a la redonda.


Los días pasan uno tras otro hasta que pierdo de vista el momento de la semana en el que me hallo,
escribo informes y me informo de lo que se hizo y aún queda por hacer.
Escavamos pozos de 80 metros de profundidad,
hasta bien entrada la noche,
para encontrar la fuente de agua que suministrará a los poblados y tukuls cercanos.




Los nuer que habitan alrededor se pasan el tiempo rodeándonos,

algunos ayudando
(a los que luego se les pagará
ya que aquí nadie mueve un dedo
si no recibe dinero a cambio),

otros solo observando

y los niños correteando en derredor.


(casi olvido que la muerte se apoya en cada esquina)


Instalamos bombas de mano (las Blue Hand Pump) para extraer el agua
con una nueva tecnología que aún está a prueba en las duras condiciones de South Sudan.
Realizamos seguimiento de sus prestaciones
y reparamos otras diferentes bombas manuales
repartidas y desperdigadas por esta vasta región.


Preparo planes de trabajo y de seguimiento de los programas,
hago como que manejo el equipo,
sin saber realmente si lo consigo,
cuando el líder se toma sus merecidas vacaciones.

Paso horas dentro del "hard top" (todoterreno que utilizamos)
recorriendo pequeñas veredas
que nos guían a las comunidades donde trabajamos
cargando con el material
esquivando vacas, cabras y niños por igual.

Una semana me acoge también la base de Lankien,
donde conozco y trabajo con otro equipo
tratando de aportar mi granito de arena
en los mismos conceptos...
...ya algo más...
pues alrededor de 2,500 desplazados llegan sin esperarlo a esta población
y tal cual llegan les instalamos un par de letrinas
y les suministramos agua desde nuestro propio campamento
hasta que las autoridades les ofrezcan un terreno donde instalarse.

De vuelta a Walgak
los trabajos siguen avanzando
y mis problemas de estómago se acrecentan...
pero todo queda en nada
en el momento en el que dejo caer el agua por mi espalda,
desde el cubo hasta mis pies empezando por mi cabeza,
y así elimino los restos de jabón...
bajo el eterno y expendido manto de luciérnagas de las noches de Jonglei.

Un mes de mucho trabajo
y aprendizaje.

Y ahora
un nuevo objetivo para el mes de febrero:
una evaluación del trabajo realizado por el equipo de respuesta de Oxfam
en Unity state y en Juba (otro brote de cólera al que se tuvo que atender).



Una nueva cosa a aprender...
un nuevo reto a superar...


*

sábado, 28 de noviembre de 2015

VIAJE A LAS PROFUNDIDADES


Me quedan apenas unos días para comenzar un nuevo reto,
un reto que me hace abandonar de nuevo mi tierra por un tiempo indefinido
dejando un amor a medio recorrido de la felicidad
aparcando mi satisfacción sentimental por la profesional.
Quizás sea un error, un grave error, pero es mi decisión....
...es una decisión...que siempre es mejor que ninguna.


Conseguido un  objetivo que hace cosa de 4 años se asemejaba a una utopía
nuevos retos busco
nuevas metas necesito
para seguir un camino en lugar de pararme a observar lo conseguido.

Aprender a gestionar y entender mis emociones,
sumergirme en mis profundidades,
conocerme más a mi mismo....
cómo???
Pues no lo tengo muy claro aunque mis primeros pasos ya he dado.
Todos me han aportado algo nuevo,
aunque algunos los continúo dando y otros os he dejado apartados.

Y me relajo...
y no me ofusco (al menos tanto) con aquello que no se ajusta a mi entendimiento
y me sumerjo de nuevo en libros
libros que me sumergen en mi mismo
y cierro con palabras y besos los dolores causados
y me escondo para encontrarme en un sinfín de islas
donde me introduzco en las profundidades del océano
como un fantasma en el mundo real...
observando pero sin ser parte de la realidad.

No me creo lo que veo
lo que siento,
son colores indescriptibles
animales que se acompañan e interactúan sin importar el tamaño
delicados bosques sin arboles
con coronas y anémonas que ocultan payasos, trompetas, arcoiris...
Todo bajo el mar tiene otro ritmo
otra respiración a la que me debo adaptar
y me siento el hombre con más suerte del mundo por disfrutar al menos una vez en mi vida de estas maravillas que no pertenecen a mi mundo.



Me sumerjo también en la compañía que no me acompaña en mi camino
aunque si en mi vida




Me escondo donde todos me puedan ver
antes de encontrar una nueva forma de vivir
que me lleve hasta la nueva meta
antes de partir a donde no sé.



Echo tantas cosas en falta...
pero siempre las puedo encontrar en las profundidades de mis recuerdos
donde mis fantasmas siempre vuelven
cuando se sienten solos.


*


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Ya me queda menos para que esta corta y tranquila misión toque a su fin,
espero que se trate de un punto y final y no seguido,
espero que la paz acabe llenando los poros de esta región de montañas de té y palmeras bañadas por el Tanganika.

En este mes y medio que llevo aquí he podido...
ver
escuchar
mirar
saborear
una cultura llena de sonrisas y miedos,
un país pequeño que esconde una fragancia muy especial
marcada por una historia de sangre y agua.

He conocido bastante gente,
he hecho amigos, buenos amigos,
y reencontrado otros a los que tenía perdido.




Pateando kilómetros de caminos de tierra que te llevan a la frontera
con una mirada cada vez más acostumbrada a la escasez
quizás más profesional
quizás menos triste.



Sentados en casas,
casuchas,
patios,
bajo una sombra protectora
o con el sol abrasando la espalda.





Hablando con todo tipo de personas
que viven en diferentes situaciones,

mujeres que esperan a sus maridos que se fueron a Tanzania,

niños que esperan el comienzo de un nuevo curso sin saber ciertamente en que momento de su historia se encuentran....tan sólo viven (y sonríen),

hombres jóvenes que matan el tiempo entre cartas y cervezas,


mayores que han trabajado toda su vida y lo conseguido lo comparten a mano abierta con desconocidos que huyen,

parejas de expatriados que llevan años trabajando por revertir la situación de este país y que mientras tanto viven una vida tranquila, feliz y sin contemplaciones,

jóvenes burundeses que desde dentro hablan y sueñan con un Burundi próspero
...y que por ello luchan con palabras, imágenes...


Felizmente he recuperado un amor que creía perdido
con quien sueño en el presente con los momentos del futuro que nos quedan por vivir

También me he relajado en la orilla del lago
he visto hipos a pocos metros de distancia,



he nadado para alcanzar una playa, donde una avalancha de niños me gritaban sonriendo "musungu" y, como si yo fuera un mono de feria, me rodearon, sin dejarme ver ni el mar que estaba a un metro,

he jugado al squash.... y casi muero en el intento... pero lo disfruto y buscaré como seguir haciéndolo,

he comido pinchos de cabra, vaca y pescado


he bebido agua....mucha agua....y también cerveza

Ahora, por delante, quedan días de cara-pantalla,
pegado al ordenador escribiendo informes y modelando ese trabajo que espero que nunca se llegue a realizar.
Buscaré en este tiempo disfrutar de aquellas cosas con las que más disfruto en Bujumbura
Las que me hacen sentirme vivo y feliz no solo por mi trabajo, si no por la vida que me ha tocado vivir....

...sigo arañando el cielo...





*

domingo, 16 de agosto de 2015

UN PEQUEÑO PAÍS...UNA PEQUEÑA ESTANCIA

Hace un año y medio ya tuve la suerte de conocer al país que me ahora me acoge.
Tan sólo unos días me senté y tumbé en sus playas, frente a su querido Tanganika , para respirar tranquilidad. 
Y la respiré, y descansé y recogí la energía necesaria para continuar en Sudan de Sur.
También sentí una incertidumbre con respecto al futuro, no muy preocupante para los burundeses pero a la que debía de estarse atento....las elecciones al país llegarían en 2015 y todos temían, sin esperarlo, un cambio en la paz de los últimos años.

Los temores comenzaron a hacerse realidad en Burundi en la primavera de 2015. 
Los pormenores del por qué, no son parte de mi entrada, pero la consecuencia es una incertidumbre en todos los estamentos de la sociedad.
Unos porque si y otros porque no, 
van dejando muertos aquí allá, 
desplazados resguardados en la aparente tranquilidad de las colinas de diferentes regiones del país 
y refugiados en los tres países que limitan con este pequeño país de la región de los grandes lagos de África.

Y ahora, en pleno verano, con el miedo y la incertidumbre de si el pasado volverá a reproducirse en el futuro, Oxfam (con un equipo de tres personas entre las que me encuentro) se lanza a realizar una misión de evaluación, preparación y repuesta (en caso de ser necesaria) en el interior de Burundi. 

Mi primera misión en un país francófono. 
Mi primera experiencia de trabajo donde el francés forma parte del día a día laboral y también en el tiempo de ocio. 
Hace unos meses no estaba preparado, y creo que todavía no lo estoy completamente, pero me lanzo al vacío a comprobarlo por mi mismo, a aprender y a estrellarme las veces que haga falta (para volver a levantarme).
Se trata de un tipo de trabajo que nunca antes había realizado, el momento de un país que comenzaba a desarrollarse (en la ciudad siempre mucho más que en la zona rural), comienza una nueva crisis política (siempre los mismos y su deseo de poder....da igual de que país del mundo se trate) que afecta y afectará a la población. 

Desplazados y refugiados de movimientos desconocidos.
Condiciones higiénicas que se agravan con la consecuente posibilidad de enfermedades que se complican con la falta de acceso al agua potable y a un saneamiento adecuado...el pan nuestro de cada día pero envuelto en una oscuridad de desconocimiento.

Para mi: una nueva experiencia laboral, diferente a todo lo anterior, donde aprendo de un nuevo contexto y de unas metodologías de trabajo que nosotros mismo debemos adoptar y preparar.

Espero con toda mi alma que todo el trabajo que aquí realice se quede en papel mojado, 
material preposicionado sin necesidad de ser utilizado y conocimientos dejados a la población que no llegue a ser implementados....
que todo quede en el susto, 
que este precioso país y su siempre sonriente gente puedan volver a trabajar duro para mejorar Burundi y no para salvarlo de la miseria.

Y yo, mientras tanto, pienso en otro país al que me gustaría acompañar, y espero que antes o después pueda juntarme y compartir la experiencia sin la soledad de la noche.

Siempre me quedan además esos momentos que se me quedarán para siempre en la memoria, grabados como una gran sonrisa fotografiada en mi recuerdo. 
Ayer, junto al lago durante la puesta de sol, una madre hipopótamo y su pequeño hijo, nos espiaban bajo el agua, dejando entrever su orejitas y sus ojos saltones, mientras tomábamos una cerveza fresca y nos reíamos de cosas  sin importancia y de las cosas que si la tienen.

Sigo siendo feliz con mi vida inestable, 
desde ayer mucho más...





*